En
una entrada del blog de Michael Clarke hay una frase que me ha llamado la atención:
"En 37 años, todavía no he conocido a una sola persona que se gane la vida enseñando Karate, que enseñe Karate."
Y aquí surge toda una serie de cuestiones y reflexiones delicadas y complejas: ¿Se puede vivir del Karate?, ¿Se puede/debe comercializar el Karate?, ¿Qué tipo de Karate se puede "vender"?
[Por descontado, dejaremos totalmente al margen de esta discusión cualquier tipo de estafa y actividad fraudulenta a las que se dedican habitualmente los típicos encantadores de serpientes pertenecientes al inframundo de las artes marciales.]
Vamos a ver...
Lo mejor será, como suele ser habitual, empezar desde el principio parra poder entrar en materia con la perspectiva adecuada...
Como contaba Funakoshi, en el pasado nadie hacía del Karate su profesión, y tanto aquellos que enseñaban como aquellos que aprendían, lo hacían simplemente por satisfacción personal, porque sencillamente, les gustaba.
Por eso, no existían muchos de los problemas que hay ahora...
Los maestros no tenían ninguna necesidad de buscar/atraer alumnos, porque los alumnos no eran clientes, y podían centrarse en enseñar Karate libremente según su propia experiencia e ideas, porque no había que preocuparse por "generar beneficios" (económicos, claro), "cubrir gastos", ni nada por el estilo. Si el alumno no estaba satisfecho o contento con la enseñanza, era libre de irse cuando quisiera, y la "supervivencia" del maestro de ningún modo se veía afectada. No eran profesionales, sólo aficionados. Los maestros incluso se podía permitir "el lujo" de enviar a sus alumnos a estudiar con otros maestros, no había problemas de quién recibiría entonces "la mensualidad" que pagaría el alumno. Los alumnos sólo pagaban con su dedicación y esfuerzo, respondiendo al maestro con sinceras ganas de aprender.
Por otro lado, la enseñanza era individual. Un maestro tenía muy pocos alumnos, quizá sólo uno, y les enseñaba en privado y adaptando el Karate a las características y cualidades de cada alumno.
Los maestros, por su parte, tenían una dilatada experiencia, y no descuidaban su propio entrenamiento, aprendizaje, y progreso.
Como vemos, esto es bastante diferente de lo que encontramos hoy en cualquier "gimnasio".
Actualmente, evidentemente sí hay personas que viven del Karate, y por tanto no se pueden permitir el lujo de no pensar en el dinero. Obviamente, esto no es criticable, pocas personas pueden permitirse "trabajar gratis", el que más y el que menos al final del día tiene que haber conseguido pagar las facturas y llenar la cesta de la compra. El problema es que claro, comercializar el Karate, también "tiene un precio".
Poco beneficio económico se le puede sacar al mero hecho de hacer Karate para uno mismo (entrenar), así que para poder "vivir del Karate", uno parece que no tiene otro remedio mas que dirigir su atención hacia la enseñanza. El ahora instructor necesita alumnos (clientes), que son los que le van a dar de comer, y quizá ni siquiera pueda enseñarles como a él le gustaría, porque ahora existe la competencia, y no sólo tienes que darle al cliente lo que quiere (grados, competición, etc.), sino que tienes que saber vendérselo mejor que tu competidor.
Este nuevo escenario no se sostiene con sólo uno, o unos pocos alumnos... al contrario, cuantos más, mejor. Una clase pequeña, con poca gente, "no compensa", "no vale la pena", así que pasamos de la enseñanza individualizada a la ejercitación de grupos numerosos. Hay limitación de tiempo y espacio, ya que sólo contamos con 2 ó 3 clases a la semana, y un espacio a menudo demasiado pequeño para tantas personas. Lo más cómodo es poner a todo el mundo en filas y que marchen por el tatami arriba y abajo siguiendo la cuenta del profesor. Muchas personas creen que este es el modelo "tradicional"... No, no lo es. Es el enfoque "militar" que lógicamente se adoptó al empezar a enseñar Karate de forma masiva.
Las clases son de lo más variopintas, porque (principalmente en adultos) agrupar a los alumnos por edad, grado, nivel, características similares, etc., normalmente resultaría en grupos demasiado reducidos. Así que es frecuente encontrar en una misma clase desde cinturones blancos hasta 4ºs ó 5ºs Danes, y desde jóvenes adolescentes hasta practicantes mucho más maduros. Todo el mundo hace lo mismo. Obviamente, cada cual según su condición y posibilidades, pero es el alumno el que se adapta al Karate, y no el Karate al alumno.
Y, ¿cuánto Karate se puede hacer en tan sólo 2 ó 3 horas a la semana??, ¿Hasta dónde se puede llegar con tan poco tiempo?
Las clases de una hora quedan en nada, máxime cuando literalmente media clase se te va en calentamiento y otros ejercicios, complementarios pero necesarios, como elasticidad, abdominales, flexiones, etc.
3 horas a la semana de otras actividades como correr o natación puede ser suficiente, pero en Karate se debería fortalecer y acondicionar todo el cuerpo; hay que aprender y practicar muchas técnicas y katas; entrenar por parejas... La naturaleza del Karate es de trabajo diario. "No se puede hacer por menos"... no sin dejar cosas por el camino. No es de extrañar que el Karate moderno se haya visto reducido a "aerobic en karategi" y un poco de kumite deportivo, aunque por supuesto, ahí entran otros factores en juego, fundamentalmente la influencia de la competición.
Otra cosa frecuente es que los practicantes de hoy no aprendan de "maestros", sino de "instructores", con más o menos experiencia, que se limitan a reproducir lo que a ellos mismos les fue enseñado, y que, a pesar de ser "profesionales", no se "reciclan" ni progresan en su "trabajo" porque han descuidado su propia formación desde el momento en el que comenzaron a cambiar "entrenar" por "enseñar". El profesor debe procurar estar siempre por delante de sus alumnos, de lo contrario, no será de mucha ayuda. Aquel que no se responsabiliza de su propia formación, difícilmente podrá encargarse de la de otros. Mucha gente practica Karate durante muchos años, y aunque seguramente sería lo fácil y cómodo, un profesor no puede pretender que un alumno con 15, 20, o incluso más años de experiencia, continúe estando satisfecho con exactamente el mismo tipo de enseñanza que recibía cuando era un principiante. La cuestión de fondo es que muchos se acomodan tras la reverenciada (y nunca cuestionada) figura del "maestro", cuando en realidad, cuando dejaron de entrenar para pasar a enseñar, tenían menos de la mitad de experiencia que muchos de sus actuales alumnos, y si no se han preocupado de mejorar desde entonces, no sólo no han mejorado, sino que sin duda habrán ido a peor, porque "el agua que no se mantiene en al fuego, se enfría". No se puede dejar de entrenar. El progreso de tus alumnos depende en buena parte de tu propio progreso. Si te da igual tu propio progreso, te da igual el progreso de tus alumnos. El valor del profesor está en sus conocimientos, adquiridos por su experiencia; si esos conocimientos y esa experiencia no existen, estás "vendiendo humo". Cuando un alumno, de cualquier nivel, se atasque en un punto, el profesor podrá ayudarle sólo si él mismo ya ha pasado por ahí previamente.
Uno de los problemas más importantes es que muchos de los que "enseñan Karate" no están realmente enseñando Karate porque sencillamente, no saben, nunca aprendieron ni entrenaron lo suficiente. Y de entrenar un par de horas a la semana con un profesor que no sabe, difícilmente van a surgir alumnos mejores.
Otra cuestión a tener en cuenta es que, cuando uno hace Karate para sí mismo, es fácil ignorar las políticas y demás asuntos de federaciones y asociaciones. Pero si te haces profesional, ya no es tan fácil, porque tus alumnos seguramente querrán competir y examinarse, como ejemplos más evidentes, y no deberías negarles esa posibilidad, sea cual sea tu postura al respecto, ya que ellos tienen derecho y deberían tener la oportunidad de experimentar y decidir por sí mismos.
Y entonces, hay que elegir federación y/o asociación... una cosa, la otra, o ambas... El "Karate profesional" no está exento de políticas y organismos que lo regulen. No está mal que exista un control, como en otros muchos ámbitos de la vida cotidiana (educación, sanidad, etc.) que supervise la actividad en cuestión y proteja al ciudadano/consumidor de intrusismo, malas prácticas, etc. El problema es que las federaciones y asociaciones de Karate por lo general parece que sólo se preocupan de crecer y financiarse, de obtener poder y control, imponiendo sus criterios, ignorando o despreciando otros puntos de vista, y dejando completamente al margen, en este caso, el estudio y desarrollo del Karate, que al fin y al cabo es lo que se supone la razón de ser de todo ello. El verdadero Karate une a los practicantes, las políticas los separan.
Después de unas cuantas reflexiones y volviendo a la cuestión de si se puede/debe o no vivir del Karate, y de qué "Karate", pues hombre... sí se puede, y hay mucha gente en todo el mundo que lo hace de una forma u otra. Mejor o peor, ya dependerá de quién seas y del tipo de Karate que hagas y hayas aprendido, del lugar donde estés, etc...
Como hemos visto, en el pasado no se cobraba por la enseñanza, y es más, incluso se consideraba que sería inadecuado aceptar compensación económica por ello. Pero eso, aunque es muy noble, no tiene por qué determinar el Karate de hoy, si nuestras circunstancias son distintas. Quien quiera y pueda enseñar "por amor al arte", pues eso es estupendo, pero no veo por qué no debería cobrar el profesor de Karate si tiene un "producto" que ofrecer y hay gente interesada en adquirirlo. Si lo puedes hacer bien, quizá incluso mejor que cualquier otra cosa, con sinceridad y coherencia, y si hay suficiente gente interesada como para que no tengas que dedicarte a otra cosa, ¿por qué no?, ¿por qué "profesor de Karate" no debería ser un oficio al igual que profesor de inglés, matemáticas o piano? En todo el mundo, y en todos los sectores, las habilidades y conocimientos del experto, se valoran, y se pagan.
Lógicamente, como en todo, lo que hay que ser es justo y honrado. Si quieres enseñar, adelante, pero preocúpate de hacerlo lo mejor posible, y no de "hacerte rico sin esfuerzo y a costa de tus alumnos".